El 18 de setiembre partimos de Arequipa a Puerto maldonado, intentando un viaje diferente, en contacto con nuestra diversidad. La madrugada del jueves 24 retornamos. Clima, gente, espacio diferentes que nos permitieron compartir ricas experiencias, además de lograr nuevos conocimientos...
El viaje de ida
Habíamos decidido hacer el viaje por tierra, no conocíamos la selva y ésta sería nuestra primera oportunidad. Dos empresas salían desde Arequipa, pero nos indicaron que el viaje podía demorar más de 24 horas. Además, nos informaron que desde Juliaca habían varias empresas que ofrecían esa ruta y tendríamos la oportunidad de hacer una pausa caminando por esa ciudad.
A las 7 am partimos en San Cristóbal del Sur hacia Juliaca. Fue un viaje de 4 horas. El omnibus no era malo, limpio, pero la mayoría de asientos sin cinturón de seguridad operativo. Una pastilla para el soroche (mal de altura) para Manuela, mi esposa, le ayudó a sobrepasar las consecuencias de la rápida subida.
Llegamos a Juliaca a las 12 del medio día, y de inmediato subimos al TaxiCholo en busca de la empresa que nos llevaría a Puerto Maldonado. Tres empresas salían diariamente, entre las 2 y 5 de la tarde. Optamos por la que parecía mas ordenada (aunque la diferencia era mínima), "Santa Cruz", y unas señoras muy atentas nos orientaron sobre el viaje y la llegada a nuestro destino.
Dejamos el equipaje en la empresa y nos dirigimos a comer cancacho, un asado de cordero que hacen en Ayaviri y venden en los alrededores del centro comercial... lo había comido mejor otras veces, pero no estuvo mal. Acabado el almuerzo nos dirigimos a abordar nuestro bus.
Esta vez no habían cinturones de seguridad en ningún asiento. Sin embargo, el viaje no fue tan malo como pensamos. Salimos por Cabanillas, pasamos por Azángaro, Asillo, San Antón, Calacani, Macusani, Olaechea, San Gabán, Mazuco (en éste punto se encuentra con la carretera que viene desde Urcos-Cusco) y de allí a Puerto Maldonado.
La mayor parte de la travesía la hicimos por carretera asfaltada (carretera interoceánica) con tramos afirmados, especialmente cerca de los lugares donde se estaban construyendo puentes. Estuvimos en Macusani a las 7 de la noche. Luego empezamos a bajar e ingresamos a la zona de selva, el paisaje cambió rápidamente y el calor empezó a hacer efecto, lo que nos llevó a ir guardando nuestros abrigos en las maletas y abriendo las ventanas del bus.
Llegamos finalmente a Puerto Maldonado a las 4:30 de la mañana, luego de un viaje de algo mas de 14 horas. Habíamos dormido en varios momentos durante el viaje, por lo que no estábamos muy cansados.
En la ciudad de Puerto Maldonado
Al bajar del bus, igual que durante todo el viaje, la gente a la que pedimos referencias sobre el lugar siempre nos respondió afablemente.Esta vez subimos a un TaxiMoto y me percaté además que habían motocicletas que también ofrecían el sevicio.
Teníamos referencia del Hostal Paititi, (http://www.hellomadrededios.com/hostal_paititi/). Tiene un local moderno y parece que con buen servicio, se encuentra a pocas cuadras de la plaza principal, pero estaba totalmente ocupado y nos dieron como referencia el hospedaje 3 fronteras, a donde nos dirigimos. A media cuadra de la plaza mayor. Las habitaciones y su baño limpios y bien mantenidos. Un baño y a dormir.
Nos despertamos cerca de las 9 de la mañana y llamé a mi amigo José Carlos, y a los 5 minutos ya estábamos con él en la sala del hotel. En 60 minutos de conversación nos explicó la mejor manera de aprovechar nuestra estadía, luego, nos mostró un lugar a media cuadra de la plaza mayor donde alquilaban motocicletas y nos llevó a tomar unos refrescos de frutas de selva muy ricos en "el gustito del cura" en la plaza mayor.
A las 10:30 de la mañana ya estábamos con Manuela, cada uno con nuestro casco, trepados en una moto... recordaba aún cómo manejaba años atras, y Manuela se dejaba llevar. Visitamos diferentes lugares de la ciudad, trepamos a la dura torre del mirador en Fitzgarrald, un edificio de mal gusto, construido con fines turísticos, y con muy mal mantenimiento; luego fuimos a los mercados, al embarcadero, visitamos algunas plazas. Es una ciudad de calles amplias y buen trazo urbanístico, aunque no muy bien mantenida.
El almuerzo lo hicimos en el "Burgos", muy bien atendidos, el local se ubica a una cuadra de la plaza mayor. Pedimos un "Piqueo Regional" para los dos y una jarra de refresco de carambola, ambos muy buenos. El piqueo tenía tacacho (una maza de platano con cecina de chancho), pollo a la plancha, carne de cordero, salchichas y salsa, suficiente para nosotros dos.
Por la tarde descansamos en el hotel y en la noche salimos nuevamente a pasear, mientras buscábamos un tour al lago Sandoval. Conocimos a Gerson, quien nos ofreció el tour por US $ 50, incluído desayuno y almuerzo, partiendo a las 5 de la mañana y retornando en la noche.
Lago Sandoval... al encuentro de la biodiversidad
Nos levantamos a las 4:30 de la mañana. Habíamos quedado con Gerson en que nos recogería a las 5 de la mañana, pero minutos antes llamó para indicarnos que había llovido toda la noche y que era preferible esperar unos minutos, que estaba calmando la fuerte lluvia. Cerca de las 6 de la mañana nos volvió a llamar indicándonos que un guía nos recogería para caminar hasta su local, las oficinas de "Extreme Expedition", a unos 200 metros de nuestro alojamiento. A los pocos minutos Esteban, el guía, llegaba por nosotros.
Al lado de su oficina está el "Tambopata Hostel" donde desayunamos, también de los mismos propietarios de la oficina de turismo. Es un alojamiento bastante simpático, con servicio de alojamiento a quienes contactan con agencias de turismo en Lima o Cusco. Una cocina le da caracter familiar abierta a quienes se alojan.
Una familia nos acompañó en el tour, habían llegado de Lima: los padres, 3 hijas casadas y un hijo soltero, el esposo de una de ellas y 6 hijos de ellas, entre adolescentes y niños. Nos prestaron botas de jebe, en previsión de que la zona estuviera muy húmeda. Luego del desayuno, a las 6:30 am bajamos con todos hacia el embarcadero que se encontraba a unos 200 metros.
El clima había cambiado bastante respecto del día anterior, no hacía tanto calor y el sol estaba velado, lo que hizo muy agradable el tour. Aunque había huellas de la fuerte lluvia de la noche anterior, durante todo el día no fuimos afectados por ella.
Subimos a un bote bastante largo y estrecho, donde cabíamos cómodamente unos 15 ocupantes. Emprendimos la marcha río abajo por el Madre de Dios, mientas Gerson nos explicaba algunas referencias del lugar. Luego de unos 50 minutos bajamos de la embarcación y luego de una breve caminata estuvimos en el lugar de registro, donde unos policías forestales nos dieron una interesante explicación sobre el lugar que visitaríamos, un santuario de la naturaleza.
Luego, Gerson nos pidió que nos adelantáramos con Esteban, con quien emprendimos una caminata de unos 40 minutos hasta un nuevo embarcadero, donde alcanzamos a 2 hermanos del equipo de "Exteme Expedition", quienes eran los remeros y operadores de la embarcación que nos trajo hasta el lugar. Nos invitaron unas humitas y esperamos unos 15 minutos, mientras acondicionaban 3 embarcaciones a remo, la más pequeña para Manuela y yo, y 2 más grandes para la familia.
Emprendimos la navegación por un canal que nos conduciría en 5 minutos al lago; luego de avanzar bajo árboles que no permitían mirar el cielo, el camino se abrió para dejar a nuestra vista el maravilloso lago. Esteban remaba diestramente y se daba tiempo para avistar mediante sus binoculares aves y lugares que nos mostraba y explicaba de qué se trataba. En algunos momentos nos acercamos a las embarcaciones de la familia y a las de otros visitantes, la consigna era guardar silencio para no molestar a los moradores del lugar.
Pudimos ver aves de diferente color, desde Guacamayos, aves pequeñas y muchos "chanchos", especie de pavas que llevan este nombre por el mal olor de su carne. Logramos ver a unos 4 metros un caimán negro que rápidamente se sumergió.
La mañana se había pasado rápidamente y a cerca de la 1 de la tarde nos juntamos con el resto de la expedición para el almuerzo. En un par de cooler habían traído todo lo necesario; el plato central fueron los juanes (especie de tamales de arroz, con presa de pollo) muy apetecibles que a grandes y chicos nos dejaron contentos, lo acompañamos con limonada y cerramos con granadillas.
Reemprendimos la navegación y a los pocos minutos avistamos, de manera poco usual, jugando en el lago a las 5 nutrias de río que habitan el lago, 2 de las cuales salieron a descansar en unos troncos, a unos 30 metros de nosotros.
Luego, Esteban nos hizo bajar de la embarcación y nos llevó por un sendero poco transitado y durante aproximadamente 1 hora fuimos expectadores de monos pequeños y grandes, aves y diferentes especies de árboles, líquenes y otras plantas. Por supuesto que en esa larga caminata, en algunos momentos me preguntaba si no nos habríamos perdido, aunque lo pregunté a Esteban, nunca lo sabré pues retornamos a nuestra embarcación y retomamos la marcha.
Bordeamos casi toda la orilla del lago, salvo el extremo oeste protegido de visitas. Esteban nos explicó que el lago había sido cientos de años atrás el cauce del río Madre de Dios, el que en uno de esos cambios de curso que tiene el río periódicamente había quedado represado, manteniendo un canal de contacto con el río. Esto hacía presagiar que en pocos cientos de años más el río retomaría su cauce, reincorporando al lago como parte de su cuerpo.
Regresamos a tierra y emprendimos el retorno, hasta el río Madre de Dios para abordar la embarcación a motor. Ya entraba la noche, momento esperado por Gerson para mostrarnos los caimanes blancos y negros en las orillas del río, para ello se ayudaba de un reflector que prendía cuando avistaba lo que podría ser uno de esos animales y obtener el reflejo de la luz en sus ojos. La embarcación daba vuelta y Gerson, muy diestro, cogió hasta 2 de esos animales para subirlos a la embarcación y mostrarlos a los visitantes y luego retornarlos al lugar de donde los recogió. El primero pasaba del metro de largo y el segundo no llegaba a los 40 centímetros.
A las 7 de la noche regresamos a Puerto Maldonado, nos despedimos de la familia con quienes nos acompañamos en la visita y del equipo humano de "Extreme Expeditions" que nos había hecho pasar un día maravilloso.
Por el corredor turístico de Isuyama
El lunes por la mañana desayunamos en "el gustito del cura" y su administrador (que nos había presentado José Carlos el primer día) nos entregó un folleto de la Asociación de Operadores Agroecoturísticos de Bajo Tambopata AOATAM, para que visitemos el Corredor Turístico Isuyama, en el bajo Tambopata, el cuál es un lugar bonito o "Kiajabaki bame" en la lengua local.
Nuevamente alquilamos una moto y le preguntamos al administrador del servicio sobre la referencia para realizar este nuevo tour. Dudando de mi experiencia en la moto, planteó que el camino era muy pedregoso y con ripio, por lo que resultaba de difícil acceso para nuestra pequeña moto. Planteó que una mejor alternativa era el serpentario.
Nos dirigimos por la carretera a Cusco hacia el serpentario, se encuentra al ingreso del aereopuerto (a unos 7 Km de la ciudad). Lamentablemente, el lugar se encontraba en mantenimiento.
Una vez en la ciudad, decidimos visitar le corredor turístico. Efectivamente, el camino tenía piedras sueltas durante los primeros 2 Km, pero con algo de cuidado pudimos avanzar.
A partir del primer Km y cada 200 ó 300 mt se van encontrando los lugares recomendados, "Apack ohe illo", el taller de pintura y danza; "Villa Hermosa", restaurant piscina; "Kapievi", la eco aldea; "Kajwurusha", el jardín de flores; "Kerenda homet", el refugio; "Isuyama" y "Nativa", 2 lugares de producción-venta de artesanías; "el parayso", lugar de trochas y circuitos para caminar; la playa de "Botafogo" y su centro de esparcimiento. Si bien en cada uno de éstos lugares nos atendieron amablemente, en todos nos indicaron que recién han integrado este circuito y que los servicios los están prestando por ahora tan solo los días domingos, lo que no decía en el folleto que recibimos. Sin embargo, el camino era agradable y las instalaciones que se apreciaban en cada lugar que visitábamos nos invitaban a continuar avanzando.
En el Km 9 ingresamos a "La Habana Rural Inn", un hermoso lugar atendido por su dueño, el profesor Herbert Lobón, quien nos atendió personalmente. Un espacio desarrollado con mucho cuidado y criterio por la familia Lobón para recibir a los turistas. El amplio espacio de ingreso, se ha complementado con construcciones de madera y un mirador. Los jardines botánico y acuático contienen diferentes muestras de la biodiversidad local, con carteles alusivos. El lugar tiene además lugares para campamento, una trocha pequeña y otra de más de 2 Km para los visitantes, quienes pueden acampar en el lugar.
Luego de la visita, retornamos a la ciudad y a las 3:30 de la tarde tomamos nuestro almuerzo vegetariano en un restaurante al lado del Alojamiento 3 Fronteras.
Ayahuasca en el Infierno
Durante el viaje habíamos escuchado a diferentes personas relatarnos sobre sesiones de ayahuasca (la cuerda de los espíritus en una traducción apróximada del español) como forma de encontrar a responsables de daños, o para conocer su futuro, o para conocerse a uno mismo... en fin, diferentes propósitos que conducían a visitar un chamán. Todas las conversaciones nos llevaban a visitar la Comunidad de "El Infierno", una comunidad campesina creada entrando a los años '70, en el gobierno de Juan Velasco Alvarado.
Un mototaxi nos llevó al paradero de los colectivos. En media hora, recorrimos el camino, con varios puentes en proceso de construcción que nos hablaban de la importancia de ésta comunidad. La comunidad nativa se sitúa a ambas márgenes del río Tambopata. El área de la comunidad es de unas 10 mil Ha, con una población de unos 350 habitantes. Además de familias de la etnia ese’eja, la comunidad está integrada también por ribereños, colonos andinos y familias mixtas, quienes combinan la agricultura, agroforestería, caza, pesca, recolección de castaña, extracción de palmito y aguaje, producción de carbón y crianza de animales. Recientemente, están ingresando al turismo y la artesanía.
Reconocido por todos en Puerto Maldonado como uno de los mejores chamanes, don Ignacio, uno de los líderes principales de la comunidad, nos recibió en su casa. Conversamos sobre sus actividades, cómo llegó al Infierno y cómo se hizo chamán, hasta que me interesé por tener una sesión esa misma noche. Don Ignacio manifestó que cobraba US $ 50 a extanjeros y 50 soles a peruanos, y que si queríamos, nos daba una habitación para que nos quedemos hasta el día siguiente.
Don Ignacio me indicó que sería mejor que descanse hasta después de las 8 de la noche en que habría mayor silencio en la comunidad. Había un belga alojado en la habitación de al lado (construcciones de madera muy rústicas, sobre patas de madera), quien me manifestó que él tendría su segunda sesión al día siguiente y me obsequió una vela y algunos fósforos para la sesión.
Dormí una hora y cerca de las 9 fui al encuentro de Don Ignacio quien descansaba en la construcción de enfrente, él se alistó rápidamente y me llevó a otra habitación mas grande en los alrededores, la luz de su linterna me impedían ver claramente.
Se sentó en un sillón de madera, me advirtió que no me asuste con lo que viera. Me indicó que prendiera la vela y él encendió lo que parecía un cigarrillo sin filtro. Me indicó que me sentara al frente, en una colchoneta, y levantó un vaso, lo llenó de humo y hechó desde una botella, hasta la mitad, el ayahuasca y me lo dio a tomar, indicándome que lo hiciera de un solo trago.
Don Ignacio con hojas secas empezó a tejer una especie de abanico y me dijo que le avisara en cuanto sienta algo en el cuerpo. Luego de unos 10 minutos empecé a sentir mareos mientras veía un movimiento lento en las imágenes que me permitía ver la luz de la vela, era lo mismo que lo hiciera con ojos abiertos o cerrados. Se lo dije y luego de un minuto me indicó que apagara la vela. Veía imágenes lineales con formas psicodélicas que en simetría vertical se juntaban y formaban diversos animales, pero tenían aún una definición muy fina, como de líneas curvas multicolores con una sombra negra que no permitía que tuvieran mayor brillo.
A los pocos minutos, Don Ignacio me preguntó si quería vomitar y puso en mi mano un recipiente; aunque lo intenté, no logré hacerlo. Al poco rato me indicó que si deseaba, me acostara y me pusiera de costado, fue así que empecé a tener una definición mucho mayor de las imágenes que veía en la oscuridad. Me recomendó que me concentrara en lo que quería procesar, así lo hice.
Nunca pude ver una imágen humana, o al menos no lo recuerdo, veía una especia de sucesión de slides de publicidad, con mucho color y fuerza en su forma de entrar o modificarse, como una presentación de Power Point muy bien realizada.
Tenía un repertorio como de unos 5 temas que yo consideraba problemas, luego de pasar algunos slides de los 2 primeros me apareció un sello que decía "no problem", lo que no ocurrió con los siguientes. Así fui navegando de tema en tema, llegando en algunos momentos a dormir, procesando seguramente temas de los que hoy, varios días después recién recuerdo.
No sé cuántas horas pasé, hasta que don Ignacio me preguntó si consideraba que era suficiente, a lo que respondí afirmativamente, entonces me dijo que recoja la vela y los fósforos y lo siga, él iba delante dirigiéndome con su linterna, cuando llegué al frente de la habitación me iluminó para que suba, recordaba la ubicación de la cama y me acosté. Me sentía algo mareado, y rápidamente me dormí. En algún momento de la noche me desperté y salí de la habitación para vomitar, lo que hice en un lugar cercano en los alrededores de la habitación, pues no había luna, ni luz que me ayude a orientarme.
Desperté cuando los primeros rayos de luz llegaron a la habitación, fuera se escuchaban voces de mujeres, eran sobrinas de Don Ignacio que se alistaban para ir a recolectar frutos. Serían las 5:30 y yo estaba dispuesto a partir en el primer colectivo, que llegaría a las 7 de la mañana, fue una buena oportunidad para continuar conversando con Don Ignacio. Fue entonces que le pagué.
Antes de partir me recomendó que no coma carne de res, ni de chancho, ni de pescado con escama pequeña, y tampoco papaya. En cambio, me recomendó que coma bastante pescado de escama grande, frutos y warmi (no lo entendí y me explicó: mujer). Cuando me retiraba, múltiples vecinos lo visitaban para diferentes cosas...
El retorno por el Cusco
Teníamos ya el pasaje comprado para salir a las 2 de la tarde, pero ésta vez haríamos el viaje por Cusco, pues nos habían dicho que el viaje era mas seguro y corto, y, de manera especial, que habían mejores servicios de transportes. Habíamos comprado pasajes en CIVA por 45 soles, pues es la empresa mas conocida y con mejor oficina.
Por la mañana habíamos estado muy relajados, visitamos el mercado modelo y vimos que había alguna artesanía que nos interesó comprar. Esa tarde estuvimos a la hora precisa para tomar el bus, que se retrasó en llegar una media hora, se trataba de un omnibus sucio por fuera y por dentro, que parecía que recién había llegado de viaje. No tenía cinturones de seguridad, mas que en las primeras filas de asientos, por lo que ante nuestro reclamo, nos sentaron en la cuarta fila.
El viaje fue similar al que hicimos de Juliaca a Puerto Maldonado, con la diferencia de que ésta vez partimos con una temperatura alta, para llegar en la madrugada, con temperaturas frías, sin embargo, lo pudimos soportar.
Llegamos a Cusco antes de las 7 de la mañana y compramos nuestros pasajes en la empresa "Julsa". Pasamos el día en el Cusco, caminar por sus calles siempre da satisfacción y a las 4 de la tarde emprendimos el retorno. El omnibus no era malo, salió con una hora de retraso a insistencia nuestra. Muchos de sus asientos no tenían cinturones de seguridad, el nuestro tampoco, nos cambiaron de sitio.
El viaje hasta Juliaca nos permitió dormir algunas horas, allí el bus se quedó por mas de una hora, en busca de completar pasajeros. La peor parte del viaje comenzó en la bajada, a las 12 de la noche el frío en la puna no permitía dormir, a pesar de la doble ropa que teníamos encima y una manta de alpaca que nos cubría las piernas. Aprendizaje: esa bajada de 4 horas se hace bien de día, pero no en la madrugada, cuando las temperaturas son extremadamente bajas. A las 3 de la mañana arribamos a la ciudad de Arequipa.
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Puerto maldonado es un paraiso, bonito tu viaje!
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